Bueno, me acuesto ya.
Sí, si por más que me mire la escaleta ya no me la puedo aprender más. Y por más que practique un tono de autoridad no voy a parecerle más respetable al espejo. Tú aparenta seguridad, ahí reside la clave, aunque no te conozca ni el apuntador y tengas que coordinar un equipo que sólo has visto en el Telepasión, cuando el cava y el síndrome de hermandad de la navidad revierten en una inaudita generosidad en los que dan la cara en la tele y les da por mostrar a su maravilosisisisisimo equipo técnico.
No. Quedan 2 horas, ays. Creo que estoy nerviosa, porque es ver la ensalada de pasta y me entra un mal cuerpo… mejor voy bajando al plató.
Espero que no sea premonitorio lo que he soñado esta noche, que era realizadora de Mira quién baila (no voy a ofrecer ninguna justificación al respecto del porqué de la elección de este programa por parte de mi subconsciente) y Anne Igartiburu me despedía. Esto es verídico, en mi sueño el poder de la omnipresente Igartiburu había invadido también el control técnico, lo cual viendo su grado de pluriempleo no me parece tan descabellado. Tiempo al tiempo.
Pero, por suerte no fue así. Ni altas rubias que me despiden, ni nietas de dictadores que bailan tangos. Desde las 15.30 de aquel jueves me pasó eso que me ocurre en las grandes ocasiones y en las fiestas de guardar, cuando es tanto mi nerviosismo, mi nudo en el estómago y mi sobredosis de almax que parece ser que mi cuerpo, ante la imposibilidad de alcanzar grados más altos de ansiedad, opta por dar una imagen de tranquilidad que no refleja, para nada, mi estado interno de descontrol total.
Revisamos la escaleta, realizamos la entrevista y cuando nos dimos cuenta ya estaba entrando la careta. Tuve la suerte de contar con un muy buen equipo de realización, un mixer ágil de reflejos y una ayudante más que eficaz que con su buen hacer me permitió concentrarme realmente en mi trabajo y (esto que quede entre nosotros) disfrutar de él.
Al final satisfacción, autocrítica, mucha, mucha adrenalina y alguno que se sorprendió de que mi voz alcanzara niveles de decibelios que no se me presuponían.
Me río yo de eso del puenting, sí te gusta la adrenalina hazte realizador.
Y próximamente haciendo la calle… las experiencias de una valenciana reconvertida en reportera de política local de la ciudad condal. Alberto Fernández Díaz, ¿ese no era un ciclista?
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