jueves, 22 de marzo de 2007

Isidoro, Berni y los demás

Y el magazine se hizo carne. Llegó el día 1 de marzo y un grupo de ingenuos estudiantes de periodismo (y una descolgada, pero no por ello menos ingenua, estudiante de audiovisuales) entraron a un plató alrededor de las 14:00 horas para ir empezando a grabar piezas y a organizar material, sin saber que no volverían a ver la luz hasta 8 horas más tarde.

Ellos pensaban que habían preparado un magazine, cuando en realidad de allí salió una Marató hecha y derecha, me río yo de estos de TV3, vamos.
Era el día grande del Taller y se notaba, hasta hubo quien no desaprovechó para lucir el vestuario de etiqueta o quien sacó la corbata de la primera comunión para dar más empaque al asunto.
No faltaron nervios, carreras de última hora, horarios incumplibles, resoplos del incombustible Josep Lluis, que se temía lo peor, y miradas de Toni de esas que no sabes si está pensando que esto se hunde-sálvese-quien-pueda o che-que-orgullòs-que-estic-dels-meus-xiquets (bueno esto último lo hubiese expresado de esta manera si fuera militante de Unió Valenciana, que creo que no es el caso, pero ya me entendéis).

Hablemos ahora de mi actuación estelar (sí, sí) e imprescindible, desde luego. El caso es que tras el rodaje del documental vine con la moral técnica subida y decidida a arreglar esa relación convulsa de amor-odio que mantengo con la tecnología audiovisual. Con más pena que gloria me propuse hacer valer al máximo ese perfil audiovisual que todos me presuponían en el Taller pero del que todavía no se tenía noticia.

Manos a la obra. Fui cámara de Helena en su pieza y acepté la proposición indecente de Berni, el hermano argentino de Albert Salord, para acompañarle a rodar su sección de cocina el domingo a un bonito pueblo de la serra barcelonina. Lo que yo no sabía es que aquella mañanita (como me aseguró Isidoro el día que me lo propuso) se convertiría en día entero y que de vuelta a Barcelona nos esperaba el Capità Enciam. Acabamos reventados, congelados y hambrientos pero valió la pena.

Otra de las cosas que yo desconocía por entonces es que desde la dirección de la empresa se me tenía una sorpresita a mi vuelta de mi domingo campestre. En una decisión completamente unilateral, y sin previa consulta al consejo de edición, el señor Consejero Delegado de UPF News, consideró que sería oportuno que tuviese una sección más personal a parte de la entrevista. Ya se sabe, quien paga manda y tocó tirar de familia (un cuñado reconvertido en malabarista), pero creo (espero) que lo salvamos.

Como se salvó, y con nota, el magazine. Nota que se debe en gran parte al trabajo del equipo de edición y al una empresa que, después de esto, ya puede cotizar en bolsa.

Qué pena que Això s’acabe.

PD: A mis fieles (fiel) lectores (lectora) les digo que no se inquieten, que en breve podrán ver desde aquí fragmentos del ya memorable Això s’acaba. No perdáis la fe.

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