viernes, 2 de marzo de 2007

La mujer que no sabía abreviar


Érase una vez una chica que no sabía hacer las cosas fáciles y bien, sino que en cada proyecto en el que se metía suponía una nueva fuente inagotable de stress que, poco a poco, iba dejando más huellas en su maltrecho estómago (y aumentando los pingues beneficios de la farmacéutica de ALMAX que, según nos comentan, acaba de costear el curso de hípica del pequeño Robert Benjamín ALMAX Junior gracias a los ingresos que obtienen de las ventas a la susodicha).

Esta mujer, a la que por respeto a su intimidad llamaremos R.S, era capaz de convertir la tarea más simple en una tesis doctoral, de perder completamente la perspectiva de las dimensiones de lo que estaba haciendo para obtener un resultado perfecto que nunca obtenía.

Sí, amigos, R.S estaba oficialmente mal de la pinza.

Un buen día se le ocurrió apuntarse a un Taller de Periodismo en el que le encargaron ser realizadora y casi se le tienen que sedar en vena, luego elaboró una noticia sobre okupas que más que una pieza parecía una trilogía y se dijo que nunca más perdería la perspectiva como entonces.

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces (sólo??) en la misma piedra y nuestra protagonista volvió a hacerlo: volvió a dedicar UNA SEMANA a rodar y montar junto a Cristina V., quien pudo corroborar los rumores sobre la maldición de R.S: todo el que trabaja con ella acaba metiéndose en su círculo de neurosis y perdiendo la noción del tiempo, una noticia de economía.

R.S aprendió muchas cosas, sin embargo aquella semana:

1- que no se puede uno fiar de la gente que trabaja en aeropuertos (que dicen que te llamarán y aún estamos esperando)

2- que el teléfono de Atenció al Ciutadà de la Generalitat es un auténtico festival, tú preguntas por prensa de la Agència Catalana del Consumidor y de repente te pasan a Presidencia (aunque bueno, si Montilla quiere hablar al respecto, va, que hable el hombre...)

3- y que, muy a mi pesar, la sección de economía es la auténtica hermana fea del periodismo.

Hoy R.S es una mujer de éxito. En uno de sus viajes a la Habana conoció a Fidel Castro y se enamoraron locamente. Desde ese momento es su más estrecha colaboradora y la encargada de redactarle sus escuetos y ágiles discursos.

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